Hoy he cometido un error en mi trabajo. Uno de los que no se pueden cometer. No ha tenido consecuencias, pero queda marcado en mi expediente. No sé qué ha pasado. No ha sonado la alarma. No la he escuchado. La he apagado y me he vuelto a dormir. Las dos veces. No tengo recuerdos de haberlo hecho. En fin.
Este pequeño susto me ha hecho reflexionar sobre algunas cosas. ¿Me gusta mi trabajo?¿Me gustaría mi trabajo en otra empresa?¿Y en otra ciudad?¿Me gustaría hacer algo distinto dentro de la misma rama profesional?¿Es esto lo que quiero hacer?¿Qué pasaría si me despidiesen mañana?¿Qué haría?¿Me sentiría libre?¿Tendría un plan B?
Y entonces, la vida, que estaba viviendo sin creerme demasiado, ha empezado a convertirse en realidad. Y he empezado a creerme que vivo donde vivo y que trabajo donde trabajo. Que, a pesar de tener pocos recursos, tengo muchas posibilidades a mi alcance.
He visto mi contrato no siendo renovado. Me he visto siendo despedido. Me he visto sin posibilidades de ascenso por este error. Y no he tenido miedo.
No es una valentía ignorante. Es una valentía madura. Si todo sale así, me costará. Pero me enfrentaré a ello como me he enfrentado a todo lo anterior. Confío en mí mismo. No voy a devastarme por algo así.
Me he hecho fuerte y me he hecho valiente.