Heartstopper
Estoy triste y está bien.
Estoy triste y no pasa nada.
Estoy triste y está bien.
Estoy triste y no pasa nada.
Estoy triste y está bien.
Estoy triste y no pasa nada.
Estoy triste y está bien.
Estoy triste y no pasa nada.
Estoy triste y está bien.
Estoy triste y no pasa nada.
Me repito a mí mismo en voz alta, a ver si me lo acabo creyendo.
Estoy llorando por dentro, intentando sacarlo y a la vez intentando contenerlo.
Anoche terminé de ver Heartstopper y fue una experiencia... intrigante.
La serie me hizo tremendamente feliz en muchos aspectos. Pude revivir trozos de adolescencia muy bonitos e incluso pude vivir a través de la serie algunos trozos que las circunstancias del momento me arrebataron.
Me hace muy feliz que nuevas generaciones de jóvenes puedan crecer con esta representación en medios de masas. Me hace muy feliz la posibilidad de que lo tengan más fácil que yo. Me da un poco de envidia, pero es envidia de la sana. Siento que me hago viejo y que ese tren para mí ya ha pasado, y yo no he podido cogerlo. Pero ahora mucha gente podrá cogerlo. Y yo ahora me siento contento por los demás, pero vacío; porque yo no tengo tren.
Siento que he desconectado del presente, de los 27 años, del 2022 con esta serie. Siento que me ha llevado a un estado mental en el que está todo por hacer, todo por vivir y todas las posibilidades abiertas. Y al terminar me he dado de bruces con la realidad de que 27 de esos años y muchas de esas posibilidades ya no están. Me he estampado con la realidad de que el amor no suele parecerse a eso a mi edad. De que hay experiencias que nunca voy a vivir, porque me hago mayor y en algún momento me moriré. Y no habrá segunda oportunidad.
Por eso le digo a la gente que no tenga miedo de querer y de sentir, aunque luego se rompa y aunque luego duela. Y tal vez debería aplicármelo a mí mismo más a menudo. Siento que no me estoy permitiendo ser querido. Siento que me estoy esforzando tanto en vivir el presente que se me está olvidando vivir el presente. Los árboles no me dejan ver el bosque.
Mientras escribo siento que por fin, en bastante tiempo, decelero. Siento que llevo mucho tiempo yendo muy rápido. Siento los últimos segundos de ruido que hace un motor cuando lo apagas. Siento algo parecido a la extenuación pero a la vez frescura que se experimenta después de llorar. Siento la impasibilidad de ya estar totalmente empapado bajo la lluvia.
Siento que necesito un abrazo de los de llorar. Siento que llevo mucho tiempo siendo muy fuerte y me tengo que permitir no serlo. Me merezco no tener que ser fuerte todo el rato.