La cárcel del Monopoly
Hoy he recibido una bofetada de capitalismo. una patada en el estómago, más bien. Y no por algo que no supiera, sino por algo que había olvidado para ser feliz.
Llevo toda mi vida estudiando y ahora trabajo a jornada completa para llegar justo a fin de mes en una casa compartida. El capitalismo ya ha explotado y nuestra vida se ha convertido en una carrera para ver quién se prepara lo suficiente antes de que le atrape la onda expansiva. ¿Cuántos años quedan?
Se nos acaba el agua, se nos acaba el espacio, se nos acaba el aire, se nos acaban los combustibles, se nos acaba el planeta. Los jóvenes no tenemos casas. Los jóvenes no tenemos trabajos que nos permitan ahorrar o comprar casas. Los alquileres son exageradamente caros. Va a ser inviable comer carne, va a ser inviable usar plástico. Y los jóvenes gritamos y los viejos nos llaman exagerados desde sus casas con dinero para sus pensiones. Claro, José Luis, tú vas a estar muerto.
Lo que más ha llamado mi atención es cómo las nuevas generaciones tienen esto tan asumido y aceptado que su estrategia es prepararse para sobrevivir en el postapocalipsis. Y voy a copiar su estrategia. Vamos a tener un mundo de ricos y un mundo de pobres. Y yo voy a estar en el de pobres. Y no voy a salir de él. Porque no soy especial.
Me destroza por dentro cada vez que mi familia me da dinero (que yo no pido, nunca, ni siquiera insinúo). No lo necesito, puedo sobrevivir. Pero eso es, sobrevivir, no vivir. Y me destroza por dentro cuando mi familia se lamenta por no poder darme más dinero del que me da.
Y aquí estoy en casa, con covid, celebrando estar en cuarentena porque así tengo una excusa para no tener vida y no gastar el poco dinero que tengo. Como cuando vas a la cárcel en el Monopoly.
Cada vez que quiero comprarme algo y me espero, pienso... ¿a qué espero? ¿a ver cuánto aguanto sin ello? La vida es esperar y esperar a comprarte cosas hasta que por fin te mueres y ya no te importa gastarte el dinero.
Hoy tengo ansiedad por el dinero, y cada día tengo más claro que, no hoy, no mañana, probablemente no hasta dentro de una o dos décadas, pero por culpa del capitalismo me acabaré suicidando.