No somos libres 28 Junio
Estos son mis cascos, y me
encantan, y en mi piso no lo saben, porque los escondo.
Estas son mis zapatillas, y me
encantan, y me las pongo menos de lo que me gustaría.
Esta es la música que escucho,
y me encanta, y en mi piso no lo saben porque la escucho con cascos.
Estos son mis bolis de colores
de purpurina y me encantan. Eso me ha ayudado a poder ser constante por fin
llevando una agenda. Pero nadie lo sabe, porque solo los utilizo en mi agenda.
Esta es mi ropa, y no sé si me
gusta. Intento dar una expresión masculina, normativa y heterosexual porque eso
me hace sentir seguro. Pero no me hace sentir representado o feliz.
Este es mi aspecto, y lo paso
mal en los vestuarios porque me da miedo ser reconocido como homosexual y
sufrir un ataque.
Este es mi maquillaje. Esta es
la cantidad de maquillaje que uso cada día para seguir pareciendo un
heterosexual normativo. Por miedo, por homofobia y machismo interiorizados.
El otro día mi compañero de piso
hizo un comentario homófobo, y yo no dije nada, porque todavía estoy tanteando
el terreno antes de salir del armario con él.
El otro día dije que no había
sufrido bullying o acoso por mi forma de ser o mi homosexualidad en el colegio
o instituto. Y mi madre me lo desmintió, y me enseñó pruebas. Me dijo ¿no te
acuerdas? Y no me acuerdo. Mi cerebro ha borrado esos recuerdos de la
adolescencia. Me ha hecho asimilar comportamientos y actitudes terribles que he
sufrido como cosas sin importancia cuando en realidad he sido una víctima. Y me
he negado a mí mismo. Y me he perdido parte de mi adolescencia.
Este soy yo, y trabajo a diario
en descubrir quién soy, en mi autoestima, y en intentar recuperar la parte de
mi vida que la homofobia me ha robado. Aprendo a respetarme a mí mismo y a no
dejar que nadie me falte al respeto. Y a la vez, intento ser amable y
vulnerable y abierto y no protegerme detrás de una coraza. Y es difícil.
No somos libres. No podemos ser
libres mientras nos dé miedo ser quienes somos. Y la solución no es ser
valientes, es hacer que nuestro entorno sea seguro, para que no haya nada a lo
que tenerle miedo.
Y esto ya no va de amor o de
sexo. Cuando no estoy amando a nadie también soy homosexual. Cuando estoy en el
trabajo también soy homosexual y cuando estoy fregando los platos también soy
homosexual. No puedo ser homosexual solo en mi casa. No quiero ser homosexual
solo en mi casa. Eso ya pasaba, con Franco.
Y esto es solo parte de mi
experiencia desde el privilegio de hombre normativo, blanco, cis, europeo,
sano, neurotípico, alosexual, con estudios y un buen ambiente familiar.
Imaginad lo que tienen que contar otras personas de la comunidad LGBTIQA+ que
lo han tenido y lo tienen más difícil que yo.
Escuchadnos. No sabéis más
sobre nuestra experiencia que nosotros, nosotras y nosotres. Hacednos caso
cuando os decimos que unas políticas son necesarias y otras son peligrosas.
Hacednos caso cuando os decimos que hay palabras y expresiones que no se deben
utilizar. Hacednos caso en lugar de cuestionar nuestras vivencias o
sentimientos. Hacednos caso cuando os decimos que todo es política, porque
desde fuera de la norma, sufriendo una discriminación sistemática, ser uno
mismo, una misma, une misme, es política.
El orgullo LGBTIQA+ es un día
de lucha por todo lo que nos falta por conseguir. El orgullo LGBTIQA+ es una
revuelta contra la opresión. El orgullo LGBTIQA+ nos incumbe a todas las
personas fuera de la normatividad de género, sexual o afectiva. Y en el orgullo
nunca estamos todes, porque nos faltan las personas asesinadas, encarceladas,
hospitalizadas, recluidas, dentro del armario o a las que se les niega la
posibilidad de venir por no ser un evento accesible.