Covid y obligada introspección
Me mudé a 1600km de casa en plena pandemia mundial. Vi el virus de cerca. Las palabras del hipocondríaco sobreprotector de mi padre cobraban sentido. Tuve miedo.
No es lo mismo estar enfermo en casa, que estar enfermo en un país en el que no hablas el idioma, no sabes dónde está el médico, no sabes pedir cita, no sabes explicar lo que te pasa, no tienes a nadie que te cuide.
Corrí a vacunarme. Por fin. Bala esquivada. Me dan pánico las agujas, pero corrí a vacunarme. Tardé 10 minutos en recuperarme, tuve que escuchar esas canciones que hacen que todo vaya menos mal cuando todo va mal. Pero soy valiente y me enfrento a estas cosas. Hago lo que tengo que hacer. Me pasé todo el día siguiente en la cama, a oscuras, mareado, con dolor de cabeza y de brazo. Me pesaba todo el cuerpo. Nunca había bebido tanta agua.
Al día siguiente di positivo en covid.
Cómo le digo yo a mi familia que no se preocupe cuando ayer estaba con fiebre y hoy la comida no sabe a nada. Cómo le digo yo a mi familia que todo está bien y que no se preocupe, cuando solamente tengo el virus este que está arrasando con el planeta. Ellos también me mentían. Ellos también se hacían los tranquilos al otro lado del teléfono. Lo sé porque les conozco. Ahora miro hacia atrás y lloro. Lloro por lo fuertes que tuvimos que ser todos por proteger los sentimientos de los demás. Lloro por lo que no lloré en mi momento, cuando tenía miedo y lo reprimí por proteger a mis personas. Lloro ahora mientras escribo porque en su momento no podía permitírmelo. Ni siquiera recuerdo la sensación. Me armé de valor y derribé el problema. Y ahora que se me ha ido la adrenalina, tengo que limpiarme por dentro.
Llevo 13 días encerrado en mi habitación. Me duelen las piernas de no moverlas. Estoy intentando recuperar rutinas. Me estoy empezando a conocer a mí mismo después de muchos años, ahora que tengo el control sobre todas las cosas. Y es complicado. Sospecho que mi cerebro no funciona como los demás, y tengo que deconstruir hasta la manera de lavarme los dientes (literalmente) para adaptarla a la persona que estoy descubriendo que soy.
También estoy descubriendo lo maravillosas que son algunas personas en mi vida y lo afortunado que soy de tenerlas. También estoy descubriendo lo maravillosas que han sido algunas personas en mi vida y lo afortunado que fui de tenerlas. A ti, que nunca leerás esto: Gracias por cuidarme hace 6 años, cuando tú sabías mucho mejor que yo por lo que estaba pasando. Gracias por estar ahí respetando mi espacio. Gracias. Gracias. Como digo, el confinamiento obliga a mucha introspección.
Sabía que al mudarme empezaba una nueva vida, pero no sabía que tenía que empezar tantas cosas de cero. Es verdad que no era el mejor momento, ni elegí el camino más fácil. Así soy yo, supongo. Pero hace un año yo estaba teletrabajando de teleoperador en mi casa, sobreviviendo a la vida, viendo como el tiempo pasaba a través de mí. Nada raro iba a pasar, todo iba a ser lineal, nada iba a cambiar, no había sobresaltos. Y no imaginaba que ahora estaría en otro país, independizado, aprendiendo otro idioma, con un trabajo que me gusta. Viviendo la vida muy fuerte.
No conocía el sentimiento de echar de menos a mi familia, y ahora me he sentido pequeño sin ella. Y solo quiero abrazarla y llevarles chocolatinas alemanas. No quiero volver a mi vida de antes, pero necesito decirles lo feliz que soy con la vida que estoy construyendo, y que estoy muy contento de ser quien soy, en gran parte gracias a ellos. Y sí, si alguna vez has cuidado de mí, probablemente también me esté refiriendo a ti.
Una vez más, una entrada con un objetivo inicial claro, que ha derrapado y degenerado en esto.