No recuerdo nuestro aniversario
Últimamente me acuerdo de ti. Ya no me dueles. Casi. No, no, esto es algo bueno, estoy mejor de lo que nunca he estado con respecto a este tema. Estoy contento, estoy emocionado, estoy ilusionado. Tengo ganas de vivir otra vez el amor y me alegraré mucho si tú lo vives también. Solo eres el capricho de mi cerebro, que te trae cuando me encuentro más vulnerable. Y no pasa nada. Lo acepto. Te llevo en mi pasado. No me arrepiento. Estoy contento.
Últimamente cuando apareces soy perfectamente capaz de comprender que tu recuerdo no duele, que no tiene sentido, que es un resto de pensamiento intruso de cuando me dolías. A veces incluso sonrío, con nostalgia, con un recuerdo feliz.
Creo que fui demasiado inconsciente cuando te propuse quedar aquella vez. Me creí más preparado de lo que en realidad estaba. Fue agradable volver a verte, pero. No sentí que se ataran los cabos sueltos. Me destrozó no poder darte un abrazo.
La sobreexposición a ti me sentó mal después de tanto tiempo sin contacto. Llegué a casa y lloré. No sabía por qué. Me salían lágrimas sin parar que no podía explicar. Dos grifos abiertos sin motivo. Supongo que dejé salir todo lo que no salió en su momento. Luego sentí celos. Sentí miedo, ira, inseguridades y tristeza.
Sentí miedo de no volver a sentir por nadie lo que sentí por ti. Sentí miedo de no encontrar a nadie que me guste como me gustaste tú. Sentí miedo de que me comparases con alguien y perder. Sentí tristeza por no haber podido aprovechar nuestra relación. Sentí tristeza al ya no recibir el cariño que recibía. Sentí inseguridades con respecto al sexo. Sentí ira al imaginarme sustituido. Sentí ira al pensar que tú me habías superado más fácilmente que yo a ti. Y sobre todo, sentí ira por no poder demostrarte cómo soy cuando estoy bien. Eso es lo que más me dolió.
Durante un tiempo fue inevitable culparme a mí mismo por la ruptura. Culparme por no saber estar bien. Culparme por no aguantar mejor. Culparme por no haberlo gestionado mejor. Pero no se puede culpar a alguien por tener una enfermedad.
Admito que, tras el trance, nunca me puse en tu piel. Nunca me paré a pensar cómo lo estarías viviendo tú. Nunca me paré a pensar si tú te sentirías mal, si tampoco te era fácil dormir, si estabas seguro cuando me dejaste. No me arrepiento demasiado de esto; significa que me centré en curarme. Sí que me pregunté si lo habrías hablado con alguien antes de hacerlo. Buscar culpables es una manera fácil de que las cosas duelan menos.
El motivo por el que no volví a por ti fue que, en el pasado, cuando yo dejaba a mi ex, él volvía siempre, y me liaba y al final volvía al ciclo tóxico de la relación. No quería ser él. No quería, y no fui. Y no me arrepiento. Tenía miedo de emular un comportamiento tóxico e hice todo lo que pude por protegernos de lo que yo ya había vivido. Aunque eso supusiese no volver a verte. Admito que durante un tiempo sí que me pregunté qué hubiera pasado si hubiera vuelto.
Ya no tengo esos sentimientos. Gestioné la culpa, el miedo, la ira, la tristeza, la inseguridad y la curiosidad en cuanto aparecieron. Y crecí con todos ellos. Al igual que crecí con los sentimientos positivos que me trajiste.
Desde que quedamos vuelves a estar silenciado en mis redes sociales.
Te aprecio, me encantaría saber que estás bien, tener contacto contigo, descubrir todo lo que has evolucionado en este tiempo. Pero no lo hago, porque tengo miedo de que me hagas daño sin querer.
Todo esto son cosas que no me importaría que supieras, pero que de algún modo siento que no te debo decir. Sin embargo sienta muy bien sacarlas de mi organismo. De todos modos, si has llegado a leerlas es porque has venido a buscarlas.