Si veis lo que yo veo, si sentís lo que yo siento
Odio la televisión. Desde hace años. No la soporto. Y eso que todavía no me he leído Un mundo feliz (Huxley, A. 1932), cogiendo polvo lo tengo en la estantería. Pero simplemente no puedo más. ¿Y estos últimos años? Insufrible.
De pequeño me encantaba, pasaba horas pegado a la pantalla, veía todos los dibujos animados, me sabía de memoria muchísimos anuncios. Ahora con el tiempo soy todo lo contrario, y, aunque aprecio mucho los dibujos animados, los documentales, las series y películas, detesto todo lo demás.
Podría empezar con los anuncios. Terrible. Horroroso. Te ponen un anuncio en YouTube y pones cara de perro pero te ponen 20 minutos de anuncios en Antena 3 y te la pela porque ya lo has aceptado como algo que simplemente pasa. Tenemos muy poca cultura sobre el marketing y la publicidad, y de eso se aprovechan. La gente no está educada en cómo funciona un anuncio. La gente no está educada en lo que vale poner un anuncio. La gente no está educada en lo que ganan poniendo un anuncio. La televisión no es gratis. La pagas con cada anuncio que ves, regalándoles la oportunidad de mancillar tu subconsciente para que consumas su producto.
Cada anuncio son 20/30 segundos que han pagado carísimos a los dueños de la tele para aprovechar y convencernos de que compremos un producto. O de que lo asociemos con unos valores. O que simplemente lo recordemos o distingamos. Cuando te llama de Vodafone un comercial explotado y mal pagado para intentar convencerte de que te cambies de compañía le rechazas al instante, pero los 38 anuncios de colonias la semana antes del día de la madre te los comes sin rechistar.
Y qué anuncios. Al menos hay algunos anuncios buenos, que agradan al espectador, pero, ¿otros?¿Wipp Express? Eso es una falta de respeto. Eso ya no es ni siquiera una obra artística, es la propaganda más cutre y descarada (eso no quita que sea efectiva). Anuncios con personas hipersexualizadas o hipersexualizándose para vendernos... ¿un lavavajillas? Por favor. Yo entiendo que atacar a nuestros instintos más primitivos sea efectivo pues básicamente seguimos actuando como monos ante la televisión, pero señores, no lo hagan tan descarado. ¿Somos animales? Sin duda, pero no nos gusta que nos traten como tal. Por dignidad, al menos. Cuando a tus hijos en el cole los tratan como a un rebaño de ovejas te enfadas. Cuando la televisión te trata como a una panda de borregos, te la pela. Pues eso.
¿Los reality shows? Tenían gracia. En el año 2000, con el primer Gran Hermano. Entonces tenían algo de reality. Ahora la gente se entrena para ellos. La misma petarda polioperada sin autoestima y el mismo cachas machista descerebrado van a un reality en España, luego al mismo en Italia, luego a otro en Chile, luego vuelve en España al que ha ido en Chile, luego le llaman de invitado en programas del corazón para dar su gritona y estúpida opinión y ya está, se ha convertido en una profesión.
Ah, pero si se acabase ahí la cadena, pero no. Esa gente es influencer. Y aunque no sea influencer, esos progrmas los ven adolescentes. Y niños. Y adultos con la inteligencia emocional de adolescentes y niños. Y los toman como ejemplo. Y ojalá llevasen a personas deconstruidas, con vidas interesantes, con ambiciones, con problemas reales, que pudieran dar un buen ejemplo a la población. Pero no es el caso. Llevan a los chimpancés más atractivos y enérgicos de la jungla televisiva mundial para que se peleen o se apareen. Y luego, cuando les echan, para que comenten y opinen.
Supongo que en algún momento pretendió ser la humillación de unos tontos en televisión de la cual los intelectuales se regocijan (que ya estaba mal) se ha convertido en una profesión de descerebrados millonarios imprimiendo sus terribles dinámicas relacionales y siendo modelos de conducta para los adolescentes (y no tan adolescentes). Intentaron crear un monstruo y el monstruo les ha comido.
¿Y las tertulias? Uh don't even get me started. La idea es interesante, claro, ver a gente que sabe de un tema debatir sobre ese tema. Sí, esa era la idea inicial. Las intenciones eran buenas. De hecho si haces una tertulia sobre cómo es mejor marinar el atún e invitas a diferentes chefs, pues fantástico. Pero cuando haces una tertulia sobre política e invitas a perodistas ya es muy delicado. Porque si los chefs son poco profesionales, la gente marinará mal el atún. Si los periodistas son poco profesionales, manipulan la opinión de las masas, y generan cambios grandes en la sociedad.
Hoy he visto en la entrevista de Ángels Barceló a Pablo Iglesias en LA SER cómo ella le decía algo como que la extrema derecha se nos ha colado, hemos reaccionado todos tarde y cuando nos hemos dado cuenta, está en las instituciones. No, perdona, Ángels, no se nos ha colado. Tus jefes tienen unos intereses políticos y económicos. Y por la audiencia que da poner las barbaridades de extrema derecha en los medios, los han invitado, y les han dado voz. Les has dado voz. Has sido partícipe. Y las pocas veces que alguien ha sacado eso a la luz, se le ha acusado de señalar a periodistas. Es más, varios periodistas se han unido para señalar a ese alguien. Eso parece no estar mal, ¿no?.
Sólo hay que ver quiénes son los dueños de Mediaset y A3Media y de los principales periódicos para entender qué intereses políticos y económicos hay detrás. Gente como Pablo Motos y Ana Rosa, que aparentan ser cercanos a la plebe, cobran 3.000.000€ al año y no tienen vergüenza ninguna en ser muy malos profesionales. Porque se les perdona todo. Porque pueden decir una barbaridad y al día siguiente negar que ha pasado. Y desaparece, se la lleva el río. Sigo teniendo grabado cuando Ana Rosa repitió y repitió que no al 8M e hizo campaña en contra y luego el 8M dijo con toda su cara de asfalto que ella JAMÁS había dicho eso. Bueno yo la vi con mis ojos y la oí con mis oídos decirlo.
Cuando un político de izquierdas NOMBRA sin decir nada malo ni ninguna mentira a un periodista, varios periodistas se unen por todas partes para defenderle y señalar al malvado político, dictador, quejica y llorón que pretende que la prensa libre y libertaria solo diga lo que el político quiere. Ahora, cuando echaron a Antonio Maestre (que me cae como el culo) del programa de Ana Rosa por decir verdades incómodas sobre la gestión del PP, por lo visto la libertad de prensa no existió, la fraternidad entre periodistas desapareció, no hubo un grupo de apoyo. Qué cosas. O Eduardo Inda, ay, qué hombre, ¿cuántas veces ha sido condenado a rectificar portadas por compartir bulos y mentiras? Más de una, y ya son demasiadas. Y ahí está, en toooodas las tertulias, siendo el que más habla. Y ningún moderador le para los pies a sus mentiras. Sabiendo el historial que tiene. Sabiendo que son mentiras. ¿Nadie se pregunta por qué está ahí ese hombre?
¿Nunca has pensado que si en España todo el mundo apagase la televisión durante una semana, avanzaríamos muchísimo como sociedad? No porque los españoles nos fuésemos a poner a estudiar, no haría falta. Simplemente una desconexión de la manipulación del capitalismo y las grandes esferas, al menos en un ámbito. Un poco de paz neuronal en ese aspecto. Un poco de vía libre al sentido crítico que ya no se vería aplastado por la opinión impuesta por los grandes medios. Que la vida en casa no gire alrededor del electrodoméstico que nos quita la vida.
No puedo escribir sobre este tema sin pensar en las próximas elecciones de la comunidad de Madrid y en parte de este discurso de la película V de Vendetta.
McTeigue, J. (Director) & Silver, J., Wachowski, Hill, G. (Productor). (2005) V de Vendetta [película]. Estados Unidos, Reino Unido, Alemania: Warner Bros.