Todo lo que me pasaba por la cabeza a las 3AM

 Últimamente se me hace difícil escribir. Parece que formalizarlo me ha desmotivado un poco. Tal vez le haya quitado el morbo. Sin embargo, es agradable tener un sitio al que volver. Esto es la caja donde tiras todas las cosas sueltas que no sabes dónde guardar; pero para sentimientos. También hace las veces de un diario. Solía sentir que cada texto que escribía era como una carta en una botella lanzada al mar. Nunca supe si alguien la leería, pero al menos sentía que lo sacaba de mí, y que esa información pasaba a ser libre. Y, si alguien la leía, conocería un poquito de mí. Me recuerda a la escena de las cartas en V de Vendetta. Siento algún tipo de conexión con ese hipotético lector de Schrödinger.

Últimamente hay varias cosas sobre las que me gustaría escribir; sobre todo de política. Podría incluso escribir sobre el coronavirus, aprovechando que estoy aislado en mi habitación con fiebre bajo la sospecha de haberlo contraído. Podría hablar de cómo siento que me he rebelado ligeramente contra el feroz capitalismo rechazando dos puestos de trabajo por proteger mi salud mental. Podría hablar de mi enorme perspectiva de futuro en todos los ámbitos. Sin embargo, siento que mi cabeza funciona demasiado rápido últimamente y que no es capaz de concentrarse en algo concreto. Es como quien empieza muchos libros y no acaba ninguno. Ese soy yo. Sí soy. 

¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué va mi cerebro a 30000 revoluciones y no está satisfecho ni comprometido con nada? Pues supongo que por varios motivos. Estoy en un momento de mi vida un tanto peculiar; vengo de una extraordinaria aventura de 2 meses, me estoy adaptando (pero no demasiado) de nuevo a lo que solía llamar “mi casa”, tengo (se supone) asegurado un trabajo en julio en algún país de Europa y no tengo  ganas de relacionarme con gente nueva aquí precisamente porqué en 2 meses me iré. Vivo en la incertidumbre y en el hastío, pero de manera optimista, disfrutando todo lo que puedo. Siento que vago sin rumbo como nunca antes, y eso que estoy mas que acostumbrado. Supongo que, si no fuera pobre como una rata, estaría disfrutando de unas maravillosas vacaciones en lugar de torturándome por no encontrar un trabajo.

Si lo piensas, el mundo se va al carajo. Es un Titanic que se hunde y no nos queda otra que encontrar a las otras pocas personas con las que merezca la pena compartir el poco tiempo que nos queda. Y bueno, aunque el mundo no se estuviera yendo al carajo, supongo que eso es lo que venimos a hacer en nuestros escasos 90 años de vida. Últimamente he aprendido a no tomarme prácticamente nada de manera personal. Me recuerdo a Lisa Simpson introduciéndose al budismo. He de decir que  mi salud mental me lo agradece muchísimo. 

En fin, que 48 horas aislado en 6 metros cuadrados con la sospecha de tener un virus que podría matarme en cuestión de días pues sienta regular, pero ayuda a poner en perspectiva las cosas. 

En fin, que gracias por escucharme, o por leerme, o por ninguna de las dos cosas, mi querido hipotético lector de Schrödinger.

------

Leo esto 8 horas de sueño después y me sorprendo con lo evidente que es cómo mi cerebro salta de idea en idea sin descansar más de 2 segundos sobre ninguna de ellas.