Los límites del humor
Hoy he visto un vídeo en el que Silvia Abril respondía a preguntas sobre este tema, y mencionaba que ella quería sentirse libre en el escenario para decir lo que quisiera. Hablaba del su trabajo en el mundo del humor como un elemento cultural y que no se puede descontextualizar. Decía que ella podía decir lo que quisiera, porque no era política, dando a entender que ella no tiene por qué ser ejemplar para nadie ni responsable de nadie. Por último, sacaba a relucir la fantástica libertad de expresión. Y es aquí donde empieza el problema.
Los grupos privilegiados llevamos muchísimo tiempo amparándonos en la "libertad de expresión" cada vez que se nos recrimina el estar atacando a minorías. Claro, hagamos chistes sobre un ciego y un sordo. Hagamos chistes sobre mujeres. Hagamos chistes sobre gitanos. Hagamos chistes sobre maricones. Hagamos chistes sobre personas negras. Hagamos chistes sobre personas judías. Las minorías llevan el mismo muchísimo tiempo diciendo que esos chistes no hacen más que perpetuar y empeorar la opresión que ya sufren. Y nosotros, desde el privilegio, no solo no nos dignamos a hacer la más mínima reflexión y autocrítica, sino que ponemos nuestros cojones como melocotones encima de la mesa y les acusamos de estar coartando nuestra libertad de expresión.
El humor es una herramienta fantástica que nos permite soportar mejor la opresión sufrida. Y por eso el humor nunca va de arriba a abajo en la "pirámide de privilegios" (concepto que no sé si existe pero da una clara (e inexacta) imagen mental). El humor puede ir en horizontal, dentro del mismo grupo oprimido, o de abajo a arriba; del oprimido al opresor. Es decir, únicamente los maricones pueden hacer chistes de maricones y los maricones pueden hacer chistes de heteros. Pero en ningún caso los heteros pueden hacer chistes de maricones. Eso sería ir de arriba a abajo en la pirámide de privilegios, y tiene otro nombre: bullying. Y bueno, el bullying no tiene gracia. No es gracioso. No es humor.
Y no es que no sepamos distinguir lo que se puede de lo que no se puede hacer, porque ningún cómico haría un chiste racista si fuera caucásico y su público principalmente racializado. Ningún cómico sano contaría chistes sobre el cáncer en la planta de oncología de un hospital. En realidad lo sabemos, no es difícil. Pero queremos sentirnos con el poder de hacer esos chistes, porque nos importa más nuestro poder para hacerlos que la discriminación que sufran las minorías a las que afectan. Porque hacer esos chistes nos hace sentirnos diferentes y, sobre todo, superiores a esas minorías.
Y bueno, como humorista, cualquiera deja mucho que desear si no sabe salir del bullying como herramienta humorística. Si solamente sabes hacer chistes sobre tu mujer que es una cotilla y una pesada y se va de compras, no eres humorista. Eres un machista, perpetuando el machismo, con comentarios anacrónicos que sólo hacen reír a cavernícolas como tú. Y bueno, lo de que ya no se puede hacer humor sin ofender a nadie tampoco es verdad, en absoluto. Eva Hache tiene un monólogo sobre la miel. LA MIEL. Un buen humorista sabe hacer humor de todas las cosas, no sólo de la opresión.
Creo que los temidos límites del humor no son tanto la línea roja que divide entre el humor gracioso y el no gracioso o el humor para todos los públicos del humor para solo unos pocos; ni siquiera del humor sin consecuencias del humor sin consecuencias. Los límites del humor son más fáciles de entender como las normas, claves, pautas, que algo debe cumplir para ser considerado humor. Sin esas claves, yo puedo salir a un escenario y llamarte hijo de puta sin contexto y ampararme en mi libertad de expresión y justificar que eso es humor, que es mi monólogo.
Y no digo que sea fácil crear unas pautas definidas, una serie de reglas para el humor. No hablo de encorsetar el humor, no lo quiera dios. Pero si tenemos sentido común, tenemos las herramientas suficientes para empezar a distinguir humor de no humor. Como por ejemplo, si es racista, no es humor, es racismo. Si es machista, no es humor, es machismo. Sé que puede parecer complicado al principio, pero estoy convencido de que, con un poco de esfuerzo por parte de todo el mundo, aprenderemos a valorar más a los humoristas que de verdad hacen un esfuerzo y a rechazar a los gilipollas opresores a los que se la sudan las minorías.